Deshumanización, duelos y capitalismo

En julio de 2020 mi padre murió, y el proceso de duelo para mi madre y para mí ha sido diametralmente opuesto. Mientras que ella, jubilada, estuvo durante un año exponiendo su dolor cada vez que salía a la calle, yo me pasé el mismo tiempo teletrabajando en casa.

Todas las personas de mi pueblo conocían a mi padre y aunque se volviera monótono para ella recibir tantos pésames, gracias a los vecinos, fue por lo que pasó por todas las fases naturales del duelo con rapidez. Yo, en cambio, teletrabajando en Madrid por la pandemia, tenía la necesidad imperiosa de tener contacto con personas. Pero no se debía. Mi vida era (es) un bucle de teletrabajo en soledad, La hora de la 1, jugar a Dragon Ball Legends y fumar como un carretero.

El resultado de esta división de caminos un año después, es que mi madre está bastante bien, mientras que yo he tenido que recurrir a ayuda profesional para poder procesar este cambio del que aún me estoy recuperando. Esta situación me hace pensar en que algo no va bien en mi elección vital. Empiezo a escarbar un poco por encima y van saliendo respuestas.

Y es que en las ciudades nos encontramos en una incapacidad perpetua para todo. No podemos tener la iniciativa de construir, cultivar, o conocer a un vecino para, por ejemplo, prestarle las llaves de tu casa y que te riegue las plantas mientras estás de vacaciones. No puedes pasarte por la casa de una amistad para veros sino que tienes que sincronizar tu agenda con la suya. Nuestros cerebros están agotados de la vida moderna con una sensación de cansancio mental perenne.

El otro día, leyendo un artículo sobre el cantante Rodrigo Cuevas y Gelita del Cabanón, me di cuenta de que el individualismo se estaba empezando a extender de manera silenciosa en las zonas donde hasta hace poco no existía:

[Gelita] dice que en los pueblos ya nadie se ayuda, que la gente es muy individualista. “Antes, cuando uno acababa lo suyo se ponía a la faena con el vecino”, recuerda, “ahora nadie quiere trabayar por los otros”.

Es como si hubiéramos preferido la modernidad y sus comodidades, anteponiéndola a los beneficios de la comunidad: la solidaridad y la empatía.

Existe una estructura invisible por la que se perpetúa este sistema individualista: el capitalismo interiorizado. El filósofo coreano Byung-Chul Han dice acerca del capitalismo:

“Cuanto más iguales son las personas, más aumenta la producción; esa es la lógica actual; el capital necesita que todos seamos iguales, incluso los turistas; el neoliberalismo no funcionaría si las personas fuéramos distintas”.

Seguramente no te hayas dado cuenta de que está muy presente en tu vida, así que, si has llegado a este punto de lectura, me encantaría que respondieras con un «sí» o un «no» a esta lista de síntomas:

· Culpabilidad por descansar.

· Equiparar tu valor como persona con tu productividad.

· La productividad es tu principal preocupación.

· Anteponer tu productividad a la salud.

· Creer que la felicidad es trabajar duro.

· Sentimiento de vagancia cuando estás sintiendo dolor, trauma o ansiedad.

· Cuestionarse permanente el sentido de vivir.

· Desconexión de ti como persona.

· Falta de tiempo para familia o amigos.

· Utilizar el consumismo o adicciones para sobrevivir.

Sin saber nada de ti, seguro que has contestado «sí» al menos a 2 de los síntomas, así que confirmamos que el capitalismo está presente en tu vida.

El monstruo te está controlando. El capitalismo no quiere que te aburras. Nos empuja a producir todo el rato. Aburrirse es peligroso para él porque podrías empezar a pensar y darte cuenta de su modo de operar en tu vida.

Cada vez conozco más casos de personas que durante el confinamiento se sintieron obligadas a hacer cosas por presión social. El capitalismo prefiere ofrecerte un tsunami de opciones de entretenimiento, que consistan en tenerte con la mente ocupada mediante 35 plataformas diferentes de contenido audiovisual desde el sillón de tu casa, a que encuentres una solución a la vida que estás llevando. No tengas tiempo para tomar un café con tus compañeros de trabajo, no vaya a ser que les calientes la cabeza con vuestras condiciones laborales y dejéis de producir. Además, cubrirás tus problemas de ansiedad comprando a través de internet cosas que realmente no necesitas. Tu salud mental pasará a un segundo plano y cuando te llegue el mental breakdown, el sistema optará por medicarte a solucionar la causa que origina el problema, no sea que quieras cogerte una baja laboral. Una pastillita y a seguir produciendo.

El capitalismo te dice que tienes que hacer horas extra en el trabajo, porque el resto de las personas trabajadoras también las hace. Si dices que no te gusta, te muestran la puerta porque va a venir otro que aceptará esas condiciones. El capitalismo juega con la precariedad de los sueldos. Tienes que cobrar lo suficiente como para pagarte Netflix, pero sin excesos como para disfrutar de tu tiempo libre. Además, procrear se ha convertido en un lujo y no en una opción personal.

La solución a todo esto parece obvia, pero se basa en hacer todo lo contrario. No me refiero a vivir en soviets y ponerle un altar a Marx, (Dior me libre) sino en emular las estructuras sociales de los pueblos. En adaptar nuestro estilo de vida postmoderno y urbanita al de nuestras abuelas, que eran muy sabias. Para nada hay que dejar todo atisbo de modernidad en pos de abrazar un estilo de vida amish, no. Hackeemos los recursos que nos brinda el capitalismo para nuestro beneficio mental y social:

· Internet es una herramienta muy útil de conocimiento y conexión con el mundo. Usémoslo con espíritu crítico y siempre haciéndonos preguntas: ¿Necesito realmente esto que me están vendiendo? ¿Me está haciendo sentir mal esto que estoy viendo? ¿Merece realmente la pena interactuar?

· Elige el «a fuego lento» versus el «ahora». Algo rápido y barato no puede ser bueno.

· Necesitamos un tiempo de fiesta, de no ser productivos. No confundir con el tiempo de recuperación para seguir trabajando; el descanso del tiempo trabajado es tiempo perdido, no es nuestro tiempo libre.

· Solidaridad. No me refiero a poner un Story en Instagram. Toma una postura activa para ayudar a los demás sin pensártelo mucho.

· Empatía. Por ejemplo, empieza por desear un buen día a todas las personas con las que interactúes. No es buenrrollismo barato de Paulo Coelho, es un gesto que no cuesta nada y que genera un vínculo humano positivo como grupo.

· Crea, soluciona y haz prosperar con tus propias manos. No hay nada más humano que sentirse realizado a través de la creación de herramientas de cualquier tipo. Cuando sea posible, abandona las pantallas. Siente el peso real de todo lo que te rodea.

Y ya que hemos venido al mundo, hagamos que nuestra estancia aquí sea fácil y feliz.

Trabajar mejor, trabajar todas, producir lo necesario, redistribuir todo.

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Grafista. www.ilusteo.com

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Álvaro Yuste

Álvaro Yuste

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